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lunes, 10 de junio de 2013

Epílogo


¡Hola carrasquillófilos!

Reíd, llorad, gritad, manifestaos. Esta es la última entrada de Carrasquillation.
Ante esta atroz noticia, las reacciones, variadas e impredecibles, no se han hecho esperar.












Después de mi visita a Irlanda, mi objetivo era aprovechar al máximo mis últimos días en Londres. Y aunque nunca se llega hasta donde deseamos (sobre todo teniendo que luchar contra paquetes y maletas que se niegan a alojar ropa y recuerdos de 9 meses), creo que lo hice bastante bien. Aunque no solo, ¿eh?

Remontémonos al día 28 de mayo. O más bien 29, cuando llegué a casa a eso de las 2 de la mañana después de un viaje demasiado largo. Ese día, aparte de dormir no hice gran cosa, había que descansar para poder seguir con el ritmo desenfrenado que me esperaba.

El 30 fue un día enorme. Empezando por la visita a Somerset House, que contiene varias galerías y museos de entre los que destaca The Courtauld Gallery, un museo de calidad y gratuito para estudiantes. Algunos de los más famosos cuadros de Manet y Van Gogh se encuentran en sus salas, además de otros no tan famosos quizá, pero de artistas como Monet, Goya, Gauguin y Degas.
Después, una de las mejores cosas que he hecho en 9 meses de Erasmus. Ir a The Globe (un teatro reconstrucción del original de Shakespeare) a partirme de risa con una representación de "El sueño de una noche de verano", la conocida obra donde se mezclan amor y desdén, hadas y asnos, música y teatro dentro del teatro. Os aseguro que fue irrepetible y que se puede valorar el gran trabajo que puede hacerse interpretando lo que se lee en un libro. Si estáis por Londres o tenéis la oportunidad, no dejéis de informaros sobre las obras. Por 5 libras de la entrada básica, merece la pena.
Y aunque ya no había ganas, me vi arrastrado con algún compañero de pasillo a un antro nocturno la mar de alternativo. Si sería alternativo que era un sótano con suelo de cemento y poco más. ¡Lo más raro es que no estaba en Shoreditch! Mi lanzada amiga de la noche, recordando una vez en la que estuvo ahí un par de años atrás, encargó chupitos de absenta flameados, a los que accedí gustoso como nueva experiencia antes de saber su precio (primer dolor) y su tamaño. Primera vez en 9 meses en el Reino Unido que vi servir una bebida espirituosa sin medir escrupulosamente el volumen. Y tuvo que ser absenta. 
Para más inri, lo "mezclaban". Diréis "¡bueno, así estaría más suave!". Sí, sí, y aumentaba el volumen de esa tortura para la garganta hasta el medio copazo. Cada trago era un suplicio y caía en el estómago como si tragaras piedras. Por suerte, un camarero se apiadó de nosotros y nos regaló un botellín de agua mineral que apenas nos alivió.
El día siguiente tocó madrugar un poco para esperar al repartidor de la caja. Cajita de 26 kg que tuve que transportar usando la fuerza bruta desde mi habitación hasta la puerta de mi residencia, que es un paseillo. No tenía unos brazos tan fuertes desde mi tierna adolescencia.

Última visita a Camden Markets para despedir lo más famoso de mi "barrio" y probar algo internacional que quedara en el tintero. No sé el nombre, pero era algo turco. ¡¡Y rebueno!!
Por la noche tocó la última noche loca (y la más loca) de mi Erasmus en Londres. 
Dos valencianas reencontradas fuera de sí, pérdida de vigilancia titera, una novedosa mezcla conocida como "agua de Valencia", pistolas de penes y gorros de policía pusieron las bases de una noche de bailes sexuales en el metro, bebidas robadas, invitaciones de ingleses ricos a chupitos y más chupitos y amanecer desde lo más alto de Canary Wharf.


Posar borracho en el andén 9 y 3/4 no tiene precio. Un poco más e intentamos atravesarlo.





Y a la mañana siguiente, que en realidad fueron unas horas después, tenía clase con mi querida alumna. Casualidades de la vida, la pobrecita mía tuvo un resfriado muy oportuno que me permitió quedarme dormido hasta las tantas y luego seguir mi vida con delicadeza y resaca.

El domingo, tal y como estaba previsto (más o menos) el grupo ya conocido como Big Three (está claro que los tríos juegan un papel muy importante en mi vida) puso rumbo al paraíso playero de todo Londoner que se precie: Brighton.
Una pequeña ciudad enriquecida por el turismo promovido desde época del rey Jorge IV. A nada que hayáis visitado alguna ciudad inglesa, Brighton destaca por una arquitectura mucho más rica y variada, más propia de una capital. El Royal Pavilion y el muelle (barra paraíso para ludópatas) destacan por su tamaño y originalidad.
Y comimos fish & chips bañados en aceite refrito y helado espiral de sabor blanco con su barrita de chocolate y me puse en bañador como si hiciera calor. Mucho postureo, mucho.





Después de un gran día de playa (sin baño, eso sí) decidí volver a casa a pie, para ver por última vez algunos de los monumentos más famosos de la capital, que a mí ya se me hacen familiares.

Los días pasaban y el final se acercaba, pero ya no me sentía mal. El ver que ya está todo listo, que tienes un viaje inminente, aunque suponga el fin de algo enorme, te hace sentir impaciente, con ganas de llegar a casa.

El lunes salí otro rato para despejarme, despedirme de algunos amigos y tomar por última vez cervezas a una libra. ¡Ah, el viejo Phineas! ¡Cómo extrañaré la UCL para según qué cosas!

Puedo sentirme orgulloso de haber aprovechado mi último día en Londres de forma extremadamente británica. Después de firmar papeles Erasmus y recobrar el dinero de mis Oysters extra de forma increíblemente fácil para lo que había supuesto, tocó picnic en uno de los parques de Londres, Hampstead Heath, que quizá os suene porque ahí fue donde me di un baño en un estanque helado hace unas semanas.
El tiempo era mejor y pudimos descansar en la hierba y tomar mi último meal deal en una buena compañía.

Eran más de las seis cuando llegamos con alguna gente más a nuestra siguiente gran parada del día: el Palacio de Westminster (o Casas del Parlamento o "mira mamá, el Big Ben"). Tras una cola cortita pudimos entrar y ver de nuevo el interior decorado, los bobbies y los commons y los lores haciendo de las suyas. O sea, poco y a la antigua.
*Por cierto, ayer gracias al nuevo programa de Ana Pastor descubrí que la página web más visitada en el Parlamento Británico es Facebook. ¡Sorpresaaaaaaa!

La última parada del día fue en una tetería (vale, era una Patisserie Valerie de esas...) para acabar el año lo más inglés posible:
Raisin scones with butter and jam plus earl grey tea.

Con la comida que me sobraba di una cena enormérrima para mis Erasmus favoritos (a los que espero volver a ver asap). Arroz con pollo y pimientos, salmón con patatas y revuelto de verduras fueron los platos estrella. Algún monólogo por aquí, algún vídeo por allá y a dormir. No puedo agradecer lo suficiente a L. y R. por sacrificar su comodidad, su sueño y la mitad de su miércoles por quedarse a dormir conmigo para madrugar y ayudarme con mi abultado equipaje. Literalmente, mis maletas pesaban más que yo. Eso sí, a cambio los invité a desayunar como señores en Heathrow, que eso no lo van a volver a catar en la vida.

Un regreso a casa largo e incómodo, pero no muy doloroso. De hecho aún no he presentado los síntomas más evidentes del síndrome post-erasmus.

¿Echaré de menos Londres?

Echaré de menos Londres. Vivir en la gran ciudad donde siempre hay cosas nuevas que hacer, donde no importa a qué torre o noria subas, nunca ves el final de los barrios, las calles y los edificios. La capital del Reino Unido, cuajada de monumentos visitados por turistas de todo el mundo. Echaré de menos poder ir al teatro, a la ópera, a conciertos de toda clase, a cualquier musical que se me antoje con solo dar un paseo.
Extrañaré los parques interminables de césped suave y árboles de copas inalcanzables y troncos inabarcables. Echaré de menos ver a media ciudad disfrutar de ellos al mínimo atisbo de sol, a sus lagos, sus fuentes, esculturas, sus cisnes enormes.

Pero no echaré de menos Londres. Vivir en la gran ciudad donde apenas te puedes relajar, donde no importa a qué torre o noria subas, solo ves calles y grises edificios. La capital del Reino Unido, a reventar de gente y de turistas, por donde apenas se puede andar. No echaré de menos que TODO esté a más de 10 minutos andando y el centro a más de hora y media. Odiaba coger el metro, coger el bus y pagar una cantidad desorbitada por el transporte público.
Echaré de menos el ajetreo y la animación, una ciudad que nunca para, en la que puedes salir y entrar cuando quieras sin sentir el miedo de una calle a oscuras y en silencio. 
No me acostumbro a la idea de no ver a gente de toda clase, condición, cultura, credo y estética junta, a la vez y mezclada, en un alarde de multiculturalidad y respeto. A que no volveré a aprender tan rápido tantas tradiciones de pueblos tan variados o cómo saludar o blasfemar en griego, japonés, árabe o tailandés.

No echaré de menos el ajetreo y la animación, el no parar, el no poder andar tranquilo, sin soltar u oír un "sorry" a cada paso de la gente que tropieza; esos "excuse me" que parecen educados pero suenan fríos y cortantes. No tengo ninguna necesidad de ser experto en la digestión humana según el color y consistencia de cientos de muestras de vómito de camino a casa en la noche.
No echaré de menos la sensación que me asaltaba a veces de que el respeto entre humanos no es más que un sueño cuando se ve la desproporción de puestos como camareros de McDonald o seguratas nocturnos de edificios pijos que están ocupados por negros. O cuando en algún colegio destaca la proporción de una etnia concreta. O cuando nadie se extraña de piercings, peinados o colores de pelo de lo más estrafalario pero se quedan mirando un grupo de sabe Dios qué cultura saliendo vestidos igual.

Echaré de menos conocer gente. Decenas, ¿cientos tal vez? de personas he conocido. Algunas han pasado volando, otras se han ganado un sitio en mi vida. Echaré de menos que fuera tan fácil hablar con cualquiera. Aunque bien es verdad que te das cuenta de que casi todas esas relaciones son efímeras y de plástico y que lo que ya tenías antes de partir, no tiene precio.

Echaré de menos tantas cosas que no podría terminar. Y a la vez, no las extrañaré en absoluto.
Nada, nadie ni ningún lugar es perfecto; la gracia está en centrarse en lo bueno que tiene el sitio en el que te toque estar cada vez.

Eso sí, no hay ninguna experiencia en mi vida comparada a los 9 meses que acaban de terminar. Y creo que no la habrá nunca, lo que me pone un poco triste. Pero ya lo dije en su día, cuando nos terminamos una buena tarrina del mejor helado, lo único que podemos esperar es que el siguiente sea, al menos, igual de bueno.

Prometo que sabréis de mí si os interesa. Muchas gracias por seguirme en todas estas entradas que han recogido algo de lo que he vivido estos meses. Gracias por el apoyo demostrado con vuestras visitas y comentarios. Sin ellos, es evidente que un proyecto tan largo como este habría ido decayendo y siendo abandonado. ¡Gracias por mantener vivo Triqs!

¡Un abrazo!

jueves, 6 de junio de 2013

Where the girls are so pretty

¡Hola carrasquillófilos!

Hoy, en vez de deleitarme con los dulces placeres de las despedidas largas y lacrimógenas y los reencuentros escasos pero emotivos, dedicaré esta entrada íntegramente a mi viaje fin de Erasmus a Irlanda. Los últimos días en Londres os los contaré en próximas entregas desde mi dulce, dulce hogar.

Remontémonos al día 23 de mayo cuando, de madrugada y sin tener muy claro los autobuses que nos llevarían al aeropuerto, tres hombretones como tres castillos partimos a la isla esmeralda. Ese mismo día comenzamos a descubrir Dublín que, para variar, es mucho más pequeña e ininteresante que Londres.
Empiezo a pensar que vaya a donde vaya a partir de ahora, ninguna ciudad me va a sorprender como esta. Da un poco de pena, pero oye, ¡eso que me ahorro en viajes!

Los puentes sobre el río Liffey, y los edificios grandes y medio clásicos a su orilla son característicos de la ciudad, al igual que la Spire (la escultura más alta del mundo). Sin embargo, los rincones más bonitos están en la orilla sur del río, en la parte más antigua de la ciudad. Dos catedrales, un puñado de iglesias, un castillo y algún que otro monumento y museo ponen algo de interés turístico e histórico en esta ciudad.


















Pero está claro que lo mejor de Dublín no está en la calle ni de día. Lo mejor de Dublín está en los pubs.
Puede que parezca predecible, generalizado o "mainstream", que se dice ahora, pero es la pura verdad. La música en directo no tiene el mismo efecto en ningún otro lugar del mundo (que yo haya visitado, no os fiéis): la gente canta las canciones que un guitarrista entona acompañado del violín más rápido del mundo, un par de Guinness más y todo el mundo está de pie, cantando, bailando, saludando a completos desconocidos como si se conocieran desde antes del útero materno.
Siempre queda la duda de si esa realidad es artificial, construida para turistas que esperan encontrar ese ambiente. Pero, ¿a quién le importa? Las canciones, los bailes, las risas, son de verdad.

¿Qué hay que visitar en Dublín? Pues con un tour de esos "gratuitos" que te dan una vuelta por la ciudad ves lo más importante y aprendes un montón sobre la historia de la ciudad. Los orígenes de la ciudad están marcados por las invasiones vikingas, un pueblo que llegó a establecerse aquí durante un puñado de años. Así, acortando, echaron a los vikingos, pero luego llegaron los ingleses, lo que dividió a la población de la isla en dos, especialmente desde que Enrique VIII decidió separarse de la iglesia católica, algo que no agradó en absoluto a gran parte de la población de la isla. Así, durante mucho tiempo, intentaron separarse pacíficamente pero no lo consiguieron hasta una revolución conocida como "el alzamiento de Pascua", nada menos que en 1916. Se reconoció su independencia en 1922 pero no llegó a establecerse la república hasta 1949. Estas cosas le hacen a uno replantearse la idea de que todo ha sido igual a como es ahora desde hace mucho.

Los edificios más antiguos de la ciudad son la catedral de Christ Church (s. XI) o el castillo de Dublin (s. XIII). También destacan la catedral de San Patricio (patrón de Irlanda) o los edificios del Trinity College, con unos magníficos jardines.








 De izquierda a derecha y de arriba a abajo: catedral de Christ Church, Trinity College, catedral de San Patricio y castillo de Dublín.



No nos pudimos perder la visita a la fábrica de Guinness, donde te explican cómo se produce la magnífica cerveza, manjar de los dioses, con ingredientes selectos y secretos y un proceso que funde el arte cervecero de siglos con la más alta y novedosa tecnología. Si tuviera que definir la visita con una palabra, sería "OBJETIVIDAD" /ironía on/. Por suerte, aparte del marketing, también te dan bastante Guinness y, si andas listo, algún que otro vaso.

Estilazo escanciando.



Como los vuelos baratos tenían fechas un tanto curiosas y Dublín no da para tanto, nos dio morriña y volvimos al Reino Unido a mitad de viaje. ¿A Londres? No hombre, no. A Irlanda del Norte.

-Clase rápida de geografía política de las Islas Británicas:
Conclusión: todo es el Reino Unido (de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte), excepto la "República de Irlanda".  No me preguntéis cómo llaman a Gales, Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte. Usan "country", pero no son países anymore. Llamémoslos "reinos".
Pues eso, ahí vimos el Sainsbury's y ya, de paso, la capital Belfast y un tour por el countryside. ¿Que qué hay que ver en ese rincón del mundo? Podéis empezar por preguntar a los responsables de las localizaciones en "Juego de Tronos". Cañadas, valles verdes, bosques, costas salvajes, castillos enormes o derruidos y la famosa Calzada de los Gigantes.























Poco más al volver a Dublin, una excursión al paraíso playero de la capital irlandesa: Howth. Que no es una isla, ¡sino una península!. Allí había todo lo típico de las playas del norte: piedras, casitas, fish & chips, gente bien abrigada, en fin... ¡Ah! ¡Y focas!














En fin, que fue un gran viaje, Irlanda un gran país, con mucho español también, paisajes increíbles y muchas cosas que me quedaron por hacer, por si algún día toca volver.

Aunque, de tanto viajar y visitar... ¿por cuánto me seguirá saliendo a cuenta, sorprendiéndome? ¿Veré paisajes tan sobrecogedores como los de las highlands escocesas? ¿Visitaré alguna ciudad tan viva y grande como Londres? ¿Veré aguas turquesas como en el Caribe? ¿Sentiré un frío como aquel de Burgos? ¿Veré edificios que aún te dejen más boquiabierto que Nôtre Dame?
Supongo que solo hay una forma de saberlo ;)

¡Un abrazo!

lunes, 27 de mayo de 2013

Molly Malone

¡Hola carrasquillófilos!

Ya sabréis muchos donde me encuentro ahora mismo. ¡Una pista!


Yep, yep: Dublin City o, como NO dicen por aquí, Baile Átha Cliath

Como comprenderéis, queridos lectores, no me encuentro en posición óptima para escribir una entrada como es debido. He decidido que ya os contaré con pelos y señales mi estancia aquí en la siguiente entrada, así que hoy os conformáis con saber qué fue de mí en el par de dias iniciales de la semana pasada.

El lunes salí esperando un fin de exámenes no ya épico, pero al menos memorable. En fin, no todo sale como queremos y, después de unas cervezas en el bar de la facultad (¡¡a un eeeeuro, a un eeeeuro!!) nos fuimos al club más sórdido de Londres para un lunes por la noche, el Moonies. 
Ni una persona sobria en millas a la redonda, vamos, eso era un festival de personajes perjudicados, una exposición de hígados agonizantes, el apogeo y el cúlmen del consumo exagerado de alcohol. ¿¿Por qué yo no formaba parte de ese grupo??
La verdad es que los ánimos del grupo se enfriaron, muchos se fueron antes de ir a bailar, el sitio era apretado, caluroso y rodeado de borrachos con escaso sentido del equilibrio. 

El día siguiente me enfrenté al fin al reto de ir preparando el equipaje de vuelta. Y, aunque hay ganas de pasar por casa ya, echaré mucho de menos vivir por Londres... así que fue un poco deprimente eso... 
Para compensar, salí al turismo que queda por hacer, que no es poco.

Subí a la torre de la Catedral de Westminster. Junto con la experiencia de la London Eye llegué a la conclusión de que Londres visto desde arriba es más bien feo. No os gastéis el dinero en esas cosas. Y apuesto a que el Shard es más de lo mismo.

Después visitamos los Reales Palacios de Justicia. Un edificio grande y hermosón que todavía funciona como juzgado y en el que los abogados llevan sus pelucas empolvadas y todo, ¡como está mandado!

La última parada del día fue en la Tate Modern, que al final me convencieron para visitar la retrospectiva de Lichtenstein. Mucho pop art, muchos puntos y mucho postureo.

Durante la cena tuvimos lo que acabó convirtiéndose en una pequeña fiesta con sushi artesanal gracias a R y quiches verdaderamente francesas. Ya he aprendido, os haré cuando vuelva.

El miércoles, víspera de mi partida, aproveché para conocer el Camden profundo, gastarme unas librillas en los mercados como un turista cualquiera, probar los típicos "pie, mash and eels" (empanada, puré de patata y anguila) y caminar hasta Hampstead Head, un parquecito encantador con lagunas donde un puede tomar un baño a 13°. 
La respuesta a la pregunta de si me metí es más que evidente.


En fin, me llaman para comer.

¡Un abrazo!


lunes, 20 de mayo de 2013

Dog days are over

¡Hola carrasquillófilos!

¡Se acabaron los días de perros*!

*N.del T. En inglés "dog days" hace referencia a los días más calurosos de verano, no a tiempos difíciles.
En otro orden de cosas, tampoco he tenido que estudiar tantísimo como veréis.

Y, ¿a qué viene esto? Pues simplemente a que hace escasas horas he terminado (con éxito espero) el último examen de mi carrera. Y esta vez de verdad, nada de Erasmus inesperados.

Así que, como imaginaréis, la semana ha estado marcada por el estudio de "Procesos downstream avanzados": centrífugas, membranas, cromatografía. Superinteresante.

Pero ya sabéis que siempre se intenta hacer algo con el tiempo que queda libre. Esta semana ha habido alguna salida nocturna al bar de la facultad, que a 2x1 no se puede resistir y hasta me han invitado tres veces a cenar esta semana, TRES VECES.
El lunes, restaurante tailandés, el viernes burritos artesanales de mano de un genuino mejicano (con salsa de su abuela, que tiene los espíritus de millones de papilas gustativas persiguiéndola desde el más allá) y el sábado, lasagna a la turcoindonesia con sangría genuina española.

¡Ah! No se me puede olvidar, la gran experiencia de la semana fue montarme en el London Eye (la noria esta grandota que hay a la orilla del Támesis). Os dejo un par de fotos:




Fui porque había 2x1 y la conclusión. Ni a mitad de precio sale muy a cuenta. Apenas 15 minutos de viaje y se ve solo lo más importante de City of Westminster, ya City of London queda retirado. No desanimo a nadie que quiera hacerlo, ¡ojo! Pero para lo que es, me parece ridículamente caro.

Hoy para celebrar el fin de exámenes comí en un restaurante nepalí (tampoco tan exótico como yo me esperaba) y ahora me voy de fiesta! Espero que salga bien, que los ánimos a mi alrededor están decaídos. Ya os contaré, ya. Aunque quizá lo haga desde otro país ;)

No hay mucho más que decir, que tengáis cuidadito, me leáis mucho y bien y que pronto, muy pronto, os veré a todos. ^_^

¡Un abrazo!

martes, 14 de mayo de 2013

Esta tarde vi llover

¡Hola carrasquillófilos!

¿Qué os contáis? Por aquí, para empezar, ha vuelto el mal tiempo. No muy malo, pero lo justo para que vuelva a hacer falta chaqueta de vez en cuando. Pero no penséis que por eso paramos, el Erasmus llega a su fin y toca hacer todo lo que queda en el tintero a contrarreloj.

Os dejé el lunes de hace una semana preparando un examencillo de inglés... Pero me liaron, me liaron y acabé saliendo a la fiesta hispanobrasileña semanal del Walkabout, un pub junto al Támesis. Debo decir que no les hizo falta liarme demasiado.
Y estudiando siguió el martes, aunque con pocas ganas y poco éxito. Tampoco había de qué preocuparse esta vez. Avancé mucho más en mis conocimientos geográficos del Grand Line, que en inglés. Además, algo de experiencia como profesor y enfermero, eso vale para el curriculum, ¿no?


El miércoles fue el gran día del examen. ¿Qué os voy a contar? Unos textos sobre la psicología en las presentaciones de Power Point y a escribir sobre mis experiencias en la biblioteca de la universidad. Party hard, vaya.
Por suerte, para amenizar el día, después del examen nos fuimos a explorar un poco más City of London, el distrito administrativo más importante de la capital. Vimos de cerca el pepinillo (oficialmente, el número 30 de St Mary Axe), algún otro rascacielos a medio hacer, el mercado que hizo de Callejón Diagón en Harry Potter (incluyendo la puerta de El Caldero Chorreante, que en realidad es una óptica) y, aunque me abandonaron, yo seguí con mis planes. Entré en Temple Church, una iglesia de orígenes templarios con mucha historia, visité Fleet Street (que recordaréis por Sweeney Todd) y vi los palacios de justicia, a los que tengo que entrar un día que solo lleve objetos capaces de pasar una inspección de seguridad estándar.
De vuelta a casa, callejeé un poco para ver un par de parques y rincones que la gente aprovechaba para disfrutar del tímido sol.

Aquí os dejo unas fotos de tan provechoso paseo.





















El jueves llegó un gran día. Un reto digno del que las generaciones futuras contarán historias, una epopeya cuyo eco resonará a través de los siglos... EL METROTÓN.
Visitar todas las estaciones del metro de Londres en la zona 1 no es tarea fácil. 63 paradas. Lo hicimos y nos sobró hasta tiempo. Somos unas máquinas y nos conocemos el tube como la palma de la mano.


Acabamos reventados, pero mereció la pena. Más de 500 fotos, vaciadas de metro a las órdenes de L., estilo lata de anchoas de St Paul's a Bank, parar el metro por quedarse en las puertas atascado... En fin, menos encontrarnos un iPhone, nos pasó de todo.

El viernes fue un día tranquilo. Por la mañana visita múltiple a la asesora de imagen personal, donde R, M y yo nos quedamos límpidos y frescos (ahora que ha vuelto el mal tiempo...). Aquí se entretienen mientras te pelan en las más variopintas cosas... lo mismo te charlan todo el rato que te suben la moral a base de "sexy! gorgeous! beautiful!" y así todo el rato.
Después, casi por casualidad, descubrimos el Santo Grial de los gamers, un bunker lleno de ordenadores, sillones de última generación y ratones con más botones que un mando a distancia, todo para probar los productos de alta tecnología mientras juegas al Street Fighter, al LoL o al Minecraft.

Por la tarde fuimos a visitar la Fanzone de la euroliga de baloncesto en Trafalgar Square, pero estaba cerrada, se ve que ahí no retransmiten partidos ni nada. Después de cenita romántica en St James Park, para casa.

El sábado descansé, que bastante emociones había tenido. Además volvió a llover. Por la noche nos fuimos al bar de la universidad de karaoke, echamos un buen rato.

Ayer domingo sí que fui a la Fanzone dicha anteriormente con buenos propósitos: conseguir cosas gratis. Tres camisetas, una gorra, 3 llaveros, 4 posavasos, como 10^6 imanes, 2 bufandas... y bastantes más cosas. Luego en Regent Street nos dieron hasta de comer, como está mandado y para volver me di un buen paseo por Regent's Park, que lo tenía pendiente.
Y hoy aquí estoy, estudiando para mi siguiente examen (poco y lento), yendo a nadar y finalmente cenando en un restaurante tailandés con M, ¿quién iba a decir que saliera algo bueno de Cádiz?

¡Un abrazo!

lunes, 6 de mayo de 2013

Here comes the sun

¡Hola carrasquillófilos!

Empezamos con la canción que da título a esta entrada para animar el cotarro. Total, ya que se resolvió la trampa sobre los títulos que llevaba tanto y tanto tiempo diseñando cuidadosamente, no tiene sentido darle más misterio.


Y es que desde hace algunas semanas el tiempo en Londres nos ha dejado sorprendidos, anonadados e, incluso, ligeramente quemados. Pero a eso volveremos más adelante, primero lo importante: YO.

Hasta el miércoles estuve entregado en cuerpo y alma al examen oral de inglés del miércoles. Vale, en cuerpo y alma tampoco, pero me lo tomé con calma. Con tanta calma que el martes por la tarde aún no tenía la presentación preparada.
El martes por la mañana, por ejemplo, fui de paseo a Portobello Road (por tercera vez) y esta vez me pillé un regalillo de cumpleaños por cuenta de la familia. También me di el gozo de comer churros con chocolate en La Cibeles, un bar que parecía sacado de la Gran Vía de Madrid y que está al ladito de "Supermercados García". Un poco caros, pero al menos ricos... Eso sí, como los de año nuevo en la churrería de San Francisco Solano, ningunos.

Afortunadamente el examen me fue bien y pude responder a todas las preguntas. Si queréis ser capaces de ser expertos en obsolescencia programada, no dejéis de ver el documental "Comprar, tirar, comprar" que recomiendo encarecidamente. Este. No este. Este.

Después del examen, con retraso pero un sol de manga corta, decidí por primera vez probar la comida "typical Spanish" fuera de la patria, cosa que siempre había visto completamente inútil por dos razones. Primero, ¿cómo iba a ser comparable un pescaíto frito o unas croquetas o un flamenquín de la tierra, casi gratis, con uno made in UK y a precio de oro? Y segundo y más importante, ¿para qué diantres me vengo de Erasmus si voy a seguir siendo tortillo-dependiente? 
No me malinterpretéis, la gastronomía de aquí no tiene ni punto de comparación con la española. Que no es por infundir en vuestras jóvenes y manipulables mentes un estereotipo falso, que no. Que ellos mismos lo admiten que su comida es... rara. Que no tienen palabras para decir "buen provecho", sino que se conforman con un estándar y polivalente "disfruten". 
¡Qué vamos a hacer!
Supongo que hay varias razones: la típica comida británica es poco llamativa (¿carne asada con verduras?  ¡Eso lo tiene todo el mundo!), simplona (¿sandwiches para almorzar? ¿judías con salsa de tomate? ¿en serio?) o bien se ha vuelto muy internacional y no puede llamarse "británica" (curry, pasta o noodles son mucho más fáciles y rápidos de hacer que una "pie" decente. La batalla estaba perdida).
Aún así, yo he probado todo lo que he podido de aquí: pies, mash, fish & chips, roast, sandwiches exóticos, crumble, pastries, pasty... Y toda clase de comida internacional también. Ya comeré espetos en Málaga y paella en Valencia, ¿no?

Pero bueno, me voy por las ramas. Al final me convencieron para ir a un "tapas bar" llamado Jamón-Jamón. La camarera por lo menos era española. Bueno, quizá ella discreparía porque parecía un poco independentista, pero no llegamos a conocernos tan bien.
¿Conclusión? Comida rica, ridículamente cara para un español (al menos había 2x1) pero que, seguramente por los ingredientes, en muchas ocasiones no llegaba a la altura de lo que podemos comer en nuestras casas.
A quien le interese (M), la ración de croquetas de pollo traía 4 unidades. Unos 7 euros valía.

Después de eso, un paseo tranquilo hasta Regent's Park con siesta en el césped, volteretas varias y carreras de carretillas y después a la cima de Primrose Hill para bajar la comida.















Y de esto que llegas a casa después de un duro día, te dicen de salir, dudas porque estabas empezando a ver "Pokémon 2: el poder de uno" y una hora después decides honrar el espíritu Erasmus y te vas al Zoo Bar  al "intercambio lingüístico" porque es gratis. Y aunque a las 11.30pm ya deciden marcharse tus acompañantes por el inminente cierre del sistema metropolitano de transporte, tú que vas andando no puedes evitar meterte en la típica aventura sin pies ni cabeza.
Después de andar una media hora desde Picadilly Circus hasta el principio de Tottenham Court Road, resulta que te encuentras con una chica noruega de tu residencia, que parece estar pasando un buen rato con unos cuantos amigos. Si sería bueno que tuve que hacerle notar mi presencia.
Nuestra relación normalmente es de encuentro-en-el-pasillo, "hola-qué-tal", "nada-bien-voy-a-fumar". Sorprendentemente, esa noche al verme se abrazó a mí y se puso la mar de contenta, porque vaya casualidad, y qué alegría encontrarte. Vamos, que iba más pedo que Alfredo.

Le dije que iba ya para casa y ella en principio se unió por razones más que evidentes. Pero sus amigos finlandeses la intentaron convencer para que se quedara para una "fiesta" en el piso de uno, ¡que tenía sidra y todo! Como hiciera lo que hiciera íbamos en la misma dirección, pues fui con ellos. Por el camino, la pobre noruega dio con sus huesos en el suelo y después repetía cada 30 segundos "oh dios mio, no me puedo creer que me haya vuelto a caer". Estaba visto que además del cariño exacerbado, la borrachera le provocaba memoria Dory porque me enseñó una foto de un golpe que se había dado unos días atrás como 30 veces en 15 minutos hasta que me supe la historia de memoria.
Y no paraba de repetir que estaba bien, que estaba bien. ¡Pues claro que estaba bien! Si se raspó la rodilla y ya... Estos nórdicos no tienen nada que ver con los agerridos vikingos de antes...

Decidió quedarse en el piso de los amigos. Pero me invitaron. El espíritu Erasmus me susurró al oído y entré. Total, nunca había estado de "fiesta" con unos nórdicos. Conclusión: aquello era más soso que la fiesta a la que no invitaron a Magmaléfica.
Nos pusimos a beber sidra en una cocina, calladitos y la noruega acabó por enchufar su iPhone para poner música. La conversación tocó temas tan interesantes como "Rap en noruego vs rap en finlandés", principales ganadores de Eurovisión (se los sabían todos, por años, y estaban en el susodicho iPhone para deleite de los presentes) y canciones favoritas de Abba.
Como soy un caballero, me quedé hasta que la rubia se hartó y nos fuimos a casa. Más tarde me enteré de que al día siguiente apenas se movió de la cama, evidentemente.

¿El jueves? Visita al museo de Londres, un sitio interesante para conocer la historia y los principales acontecimientos de la ciudad. Básicamente, el Gran Incendio de 1666... Había una exposición en la que la juventud londinense, a través de vídeos y objetos, nos hacía ver que el Londres actual y la colonia romana Londinium, no eran tan diferentes. Salvo que "Londres ahora es más grande porque en tiempos de los romanos era más pequeño".

Comimos a los pies de la catedral de San Pablo, que estaba a reventar de gente. Y para muestra, un botón:















Fue un buen día que no acabó ahí, porque con las fuerzas que me quedaban me empeñé en ir a uno de los sitios más al sur de Londres que he estado (casi 1 hora en metro, caballeros y damiselas) para una especie de exposición callejera en la que se proyectaban cortos y vídeos en las ventanas de edificios para "celebrar" un festival de cine.
Un poco decepcionante esto... Las "películas" iban desde vídeos caseros de las mascotas hasta imágenes de ecografías de fetos desconocidos. Pero bueno, algo más que añadir a mi lista hipster.

El viernes ya decidí parar y pasé el día tranquilamente en casa. Hasta la noche, cuando después de un par de mojitos caseros nos fuimos a una pop party en un pub que normalmente es de heavy metal para arriba. No había mucha gente así que pudimos bailar de lo lindo y lo pasamos bien. ¿La única pega? No se apuntó demasiada gente con tanto examen y estrés.

El sábado... ¿qué hice el sábado? Probablemente me levantaría tarde. Por la noche fuimos de pub crawl, el primero que hago desde que estoy en Londres (y, probablemente, el último. Ahora veréis por qué).
  • Pub crawl: evento nocturno en el que, en la misma noche, se visitan varios pubs o bares con el fin de pasarlo bien y beber lo que se pueda. El término se usa más concretamente para una especie de "tours guiados" por los pubs más importantes de alguna zona.
Pues eso, con una empresa que se encarga de ir de gira nocturna de pub en pub nos fuimos. Diversión asegurada y, con nada que seas un poco sociable, conoces mucha gente que te pinta tonterías en tu camiseta oficial del evento. Suena divertido, ¿verdad? Lo es, pero también es para ricos.
El fin último de un pub crawl que se precie es acabar como la noruega el miércoles o peor. Y para hacer eso en un pub hay que tener más efectivo del que yo puedo permitirme en una sola noche. El tour suele costar de 10 libras para arriba e incluye unos cuantos chupitos de sambuca (como anís). Pero 4 chupitos, a 1 por hora, no hacen gran cosa. ¿El resto de bebidas? Pues cualquier tontería, lo mínimo son 3 libras más, por muchas "ofertas" que te den por estar de pub crawl.
Pero bueno, era algo que quería hacer, que hice y que disfruté de lo lindo.


Camiseta después del pub crawl.
Está claro que no me pilló ninguno serio... 














Y el domingo, aprovechamos una vez más el sol para ir a Hyde Park de picnic, con sesteo incluido. Nos cuidamos como el que más, desde luego.
Eso sí, si nosotros aprovechamos el sol, los ingleses ya ni os cuento. Aún no hemos llegado a los 20 grados (apenas pasamos de los 15 normalmente y en cuanto se esconde el sol bajamos de 10) y ya hay gente con pantalones cortos, chanclitas, vestiditos de verano y demás. Los parques están abarrotados de picnics, de gente estudiando, parejas románticas, niños jugando... Supongo que siendo una tierra yerma y gris, en cuanto les das un poquito de calor, se lo toman a la tremenda y aprovechan cada fotón caído del cielo.

Y ya está, hoy a estudiar un poco de inglés y recuperar fuerzas. Aunque nunca se sabe qué depara la noche..

¡Un abrazo!

martes, 30 de abril de 2013

Happy...

¡Hola carrasquillófilos!

¡Qué semana! ¡Qué emoción! ¡Cuántas cosas que contar! ¡Cómo intento engancharos para que leáis hasta el final de forma estúpida!

Momentazo de la semana. Tenía un examen el 29 de abril. Tenía tiempo. Por suerte, se me ocurrió comprobarlo, porque en realidad era el 25. ¡¡Bien!! ¡Estudio intensivo!
Pero no os preocupéis, el espíritu erasmus se adueña de mí y la mediocridad no me preocupa tanto. Entre otras cosas porque estas asignaturas ya las hago de sobra, por "diversión" y por aprender algo nuevo. Así que el estudio de "Diseño y control de reactores bioquímicos" fue ligero, superficial y salpicado de capítulos de la divertidísima y estúpida Modern Family.
La parte mala, se me está pegando el acento "inglés" de Gloria (Sofía Vergara).


En fin, los tres primeros días de semana se pasaron a lo tonto, sin ningún evento en particular, pero con uno siempre en la cabeza... Lo que he dado en llamar el "Birth... wait for it... dary!".

Si a alguien le interesa, que lo dudo, el examen fue muy bieeeen, contesté a toooodo y hasta me sobró tiempo (love you, mami!). Si alguien quiere una versión más fidedigna de la susodicha prueba, que me lo haga saber en privado.

Para una vez que cumple uno años en Londres, me monté una super fiesta. Casi 50 invitados, comida, skittles vodka casero, outfit nuevo y elegante y, después, fiesta española en un barco-pub de original nombre: Bar&Co.
Entre tanta cosa que preparar el principio del cumpleaños fue de infarto, recibiendo gente, acabando sandwiches y buscando tenedores, pero poco a poco todo se calmó y fue como la seda.
Todo el mundo acabó bien contento y satisfecho, ¡sobre todo yo con tanto regalo!

¡¡Gracias a todos!!
Los exámenes no perdonan a nadie y, por desgracia, muy poquitos de los veintitantos que se presentaron al principio pudieron seguir el ritmo hasta el lugar de dancing oficial. A ritmo de Estopa, sarandonga, Melendi, "volare uouo" y hasta Alaska, bailamos hasta que nos dolieron las piernas.

He tardado más en publicar por esperar a que me mandaran algunas fotos del cumpleaños. Las mejores creo que aún no las tengo, pero os dejo una pequeña muestra.

Después de una noche memorable, el día real de mi cumpleaños fue un remanso de paz y tranquilidad. Me levanté tarde, desayuné las exquisiteces que había preparado para mí solito y me puse a ver series, leer y descansar. Vale, reconozco que al final del día todo se volvió un poco deprimente, pero al día siguiente ya tenía plan para compensar.

Así que ayer, domingo, taché de mi lista una de las cosas que tenía que hacer aquí: visitar Brick Lane y toda esa zona de Shoredicth.
Para los que no están por aquí, Brick Lane es técnicamente una calle (¿qué esperabais?). Pero los domingos ponen un mercadillo de lo más cutre alternativo donde la gente vende cosas de 2ª, 3ª o (n^m)! mano. Algunas también son nuevas, todo hay que decirlo. Y eso sí, los precios no tienen competencia: libros 4 a 1 libra, ositos de peluche, cepillos de dientes, tiradores de cajones, lámparas de dentista, macs del año de la pera sin teclas, pendientes enormes hechos con sacapuntas o limones de plástico gigantes... Yo saqué en claro que si te vistes aquí, mejor no pises tu pueblo de nuevo. Vamos, ni medio Londres casi...

La gracia es que el barrio está decorado con las cosas más bizarras y fuera de lugar que puedas imaginar. Como estas:
Bicicleta con abrigo de punto, desnudo y una Barbie sin ropa.
"Gracias por tu sonrisa terapéutica"

Escena cotidiana con cabina a cm del suelo.
También en la zona visitamos un mercado de flores, donde se vendían 3 lirios a 10 libras, por ejemplo. La gente iba y se llevaba sus palmeritas, sus limoneros, sus azaleas, tulipanes... Todo muy bien puesto y muy lleno de gente.


La última parada del día (antes de una cerveza con conversación) fue el parque-cementerio de Abney, donde se rodó el video musical de "Back to Black", de Amy Winehouse:

Fue un día memorable. Gracias a M, M, M, N y A por hacerlo tan agradable. Y por los videos tontos de YouTube, por supuesto.

Solo me queda agradecer, aparte de a mis Londoners de prestado, a todos los que se molestaron en regalarme algo, por muy lejos que estuvieran. Seguro que se da por aludido quien debe.

¡Un abrazo!