lunes, 10 de junio de 2013

Epílogo


¡Hola carrasquillófilos!

Reíd, llorad, gritad, manifestaos. Esta es la última entrada de Carrasquillation.
Ante esta atroz noticia, las reacciones, variadas e impredecibles, no se han hecho esperar.












Después de mi visita a Irlanda, mi objetivo era aprovechar al máximo mis últimos días en Londres. Y aunque nunca se llega hasta donde deseamos (sobre todo teniendo que luchar contra paquetes y maletas que se niegan a alojar ropa y recuerdos de 9 meses), creo que lo hice bastante bien. Aunque no solo, ¿eh?

Remontémonos al día 28 de mayo. O más bien 29, cuando llegué a casa a eso de las 2 de la mañana después de un viaje demasiado largo. Ese día, aparte de dormir no hice gran cosa, había que descansar para poder seguir con el ritmo desenfrenado que me esperaba.

El 30 fue un día enorme. Empezando por la visita a Somerset House, que contiene varias galerías y museos de entre los que destaca The Courtauld Gallery, un museo de calidad y gratuito para estudiantes. Algunos de los más famosos cuadros de Manet y Van Gogh se encuentran en sus salas, además de otros no tan famosos quizá, pero de artistas como Monet, Goya, Gauguin y Degas.
Después, una de las mejores cosas que he hecho en 9 meses de Erasmus. Ir a The Globe (un teatro reconstrucción del original de Shakespeare) a partirme de risa con una representación de "El sueño de una noche de verano", la conocida obra donde se mezclan amor y desdén, hadas y asnos, música y teatro dentro del teatro. Os aseguro que fue irrepetible y que se puede valorar el gran trabajo que puede hacerse interpretando lo que se lee en un libro. Si estáis por Londres o tenéis la oportunidad, no dejéis de informaros sobre las obras. Por 5 libras de la entrada básica, merece la pena.
Y aunque ya no había ganas, me vi arrastrado con algún compañero de pasillo a un antro nocturno la mar de alternativo. Si sería alternativo que era un sótano con suelo de cemento y poco más. ¡Lo más raro es que no estaba en Shoreditch! Mi lanzada amiga de la noche, recordando una vez en la que estuvo ahí un par de años atrás, encargó chupitos de absenta flameados, a los que accedí gustoso como nueva experiencia antes de saber su precio (primer dolor) y su tamaño. Primera vez en 9 meses en el Reino Unido que vi servir una bebida espirituosa sin medir escrupulosamente el volumen. Y tuvo que ser absenta. 
Para más inri, lo "mezclaban". Diréis "¡bueno, así estaría más suave!". Sí, sí, y aumentaba el volumen de esa tortura para la garganta hasta el medio copazo. Cada trago era un suplicio y caía en el estómago como si tragaras piedras. Por suerte, un camarero se apiadó de nosotros y nos regaló un botellín de agua mineral que apenas nos alivió.
El día siguiente tocó madrugar un poco para esperar al repartidor de la caja. Cajita de 26 kg que tuve que transportar usando la fuerza bruta desde mi habitación hasta la puerta de mi residencia, que es un paseillo. No tenía unos brazos tan fuertes desde mi tierna adolescencia.

Última visita a Camden Markets para despedir lo más famoso de mi "barrio" y probar algo internacional que quedara en el tintero. No sé el nombre, pero era algo turco. ¡¡Y rebueno!!
Por la noche tocó la última noche loca (y la más loca) de mi Erasmus en Londres. 
Dos valencianas reencontradas fuera de sí, pérdida de vigilancia titera, una novedosa mezcla conocida como "agua de Valencia", pistolas de penes y gorros de policía pusieron las bases de una noche de bailes sexuales en el metro, bebidas robadas, invitaciones de ingleses ricos a chupitos y más chupitos y amanecer desde lo más alto de Canary Wharf.


Posar borracho en el andén 9 y 3/4 no tiene precio. Un poco más e intentamos atravesarlo.





Y a la mañana siguiente, que en realidad fueron unas horas después, tenía clase con mi querida alumna. Casualidades de la vida, la pobrecita mía tuvo un resfriado muy oportuno que me permitió quedarme dormido hasta las tantas y luego seguir mi vida con delicadeza y resaca.

El domingo, tal y como estaba previsto (más o menos) el grupo ya conocido como Big Three (está claro que los tríos juegan un papel muy importante en mi vida) puso rumbo al paraíso playero de todo Londoner que se precie: Brighton.
Una pequeña ciudad enriquecida por el turismo promovido desde época del rey Jorge IV. A nada que hayáis visitado alguna ciudad inglesa, Brighton destaca por una arquitectura mucho más rica y variada, más propia de una capital. El Royal Pavilion y el muelle (barra paraíso para ludópatas) destacan por su tamaño y originalidad.
Y comimos fish & chips bañados en aceite refrito y helado espiral de sabor blanco con su barrita de chocolate y me puse en bañador como si hiciera calor. Mucho postureo, mucho.





Después de un gran día de playa (sin baño, eso sí) decidí volver a casa a pie, para ver por última vez algunos de los monumentos más famosos de la capital, que a mí ya se me hacen familiares.

Los días pasaban y el final se acercaba, pero ya no me sentía mal. El ver que ya está todo listo, que tienes un viaje inminente, aunque suponga el fin de algo enorme, te hace sentir impaciente, con ganas de llegar a casa.

El lunes salí otro rato para despejarme, despedirme de algunos amigos y tomar por última vez cervezas a una libra. ¡Ah, el viejo Phineas! ¡Cómo extrañaré la UCL para según qué cosas!

Puedo sentirme orgulloso de haber aprovechado mi último día en Londres de forma extremadamente británica. Después de firmar papeles Erasmus y recobrar el dinero de mis Oysters extra de forma increíblemente fácil para lo que había supuesto, tocó picnic en uno de los parques de Londres, Hampstead Heath, que quizá os suene porque ahí fue donde me di un baño en un estanque helado hace unas semanas.
El tiempo era mejor y pudimos descansar en la hierba y tomar mi último meal deal en una buena compañía.

Eran más de las seis cuando llegamos con alguna gente más a nuestra siguiente gran parada del día: el Palacio de Westminster (o Casas del Parlamento o "mira mamá, el Big Ben"). Tras una cola cortita pudimos entrar y ver de nuevo el interior decorado, los bobbies y los commons y los lores haciendo de las suyas. O sea, poco y a la antigua.
*Por cierto, ayer gracias al nuevo programa de Ana Pastor descubrí que la página web más visitada en el Parlamento Británico es Facebook. ¡Sorpresaaaaaaa!

La última parada del día fue en una tetería (vale, era una Patisserie Valerie de esas...) para acabar el año lo más inglés posible:
Raisin scones with butter and jam plus earl grey tea.

Con la comida que me sobraba di una cena enormérrima para mis Erasmus favoritos (a los que espero volver a ver asap). Arroz con pollo y pimientos, salmón con patatas y revuelto de verduras fueron los platos estrella. Algún monólogo por aquí, algún vídeo por allá y a dormir. No puedo agradecer lo suficiente a L. y R. por sacrificar su comodidad, su sueño y la mitad de su miércoles por quedarse a dormir conmigo para madrugar y ayudarme con mi abultado equipaje. Literalmente, mis maletas pesaban más que yo. Eso sí, a cambio los invité a desayunar como señores en Heathrow, que eso no lo van a volver a catar en la vida.

Un regreso a casa largo e incómodo, pero no muy doloroso. De hecho aún no he presentado los síntomas más evidentes del síndrome post-erasmus.

¿Echaré de menos Londres?

Echaré de menos Londres. Vivir en la gran ciudad donde siempre hay cosas nuevas que hacer, donde no importa a qué torre o noria subas, nunca ves el final de los barrios, las calles y los edificios. La capital del Reino Unido, cuajada de monumentos visitados por turistas de todo el mundo. Echaré de menos poder ir al teatro, a la ópera, a conciertos de toda clase, a cualquier musical que se me antoje con solo dar un paseo.
Extrañaré los parques interminables de césped suave y árboles de copas inalcanzables y troncos inabarcables. Echaré de menos ver a media ciudad disfrutar de ellos al mínimo atisbo de sol, a sus lagos, sus fuentes, esculturas, sus cisnes enormes.

Pero no echaré de menos Londres. Vivir en la gran ciudad donde apenas te puedes relajar, donde no importa a qué torre o noria subas, solo ves calles y grises edificios. La capital del Reino Unido, a reventar de gente y de turistas, por donde apenas se puede andar. No echaré de menos que TODO esté a más de 10 minutos andando y el centro a más de hora y media. Odiaba coger el metro, coger el bus y pagar una cantidad desorbitada por el transporte público.
Echaré de menos el ajetreo y la animación, una ciudad que nunca para, en la que puedes salir y entrar cuando quieras sin sentir el miedo de una calle a oscuras y en silencio. 
No me acostumbro a la idea de no ver a gente de toda clase, condición, cultura, credo y estética junta, a la vez y mezclada, en un alarde de multiculturalidad y respeto. A que no volveré a aprender tan rápido tantas tradiciones de pueblos tan variados o cómo saludar o blasfemar en griego, japonés, árabe o tailandés.

No echaré de menos el ajetreo y la animación, el no parar, el no poder andar tranquilo, sin soltar u oír un "sorry" a cada paso de la gente que tropieza; esos "excuse me" que parecen educados pero suenan fríos y cortantes. No tengo ninguna necesidad de ser experto en la digestión humana según el color y consistencia de cientos de muestras de vómito de camino a casa en la noche.
No echaré de menos la sensación que me asaltaba a veces de que el respeto entre humanos no es más que un sueño cuando se ve la desproporción de puestos como camareros de McDonald o seguratas nocturnos de edificios pijos que están ocupados por negros. O cuando en algún colegio destaca la proporción de una etnia concreta. O cuando nadie se extraña de piercings, peinados o colores de pelo de lo más estrafalario pero se quedan mirando un grupo de sabe Dios qué cultura saliendo vestidos igual.

Echaré de menos conocer gente. Decenas, ¿cientos tal vez? de personas he conocido. Algunas han pasado volando, otras se han ganado un sitio en mi vida. Echaré de menos que fuera tan fácil hablar con cualquiera. Aunque bien es verdad que te das cuenta de que casi todas esas relaciones son efímeras y de plástico y que lo que ya tenías antes de partir, no tiene precio.

Echaré de menos tantas cosas que no podría terminar. Y a la vez, no las extrañaré en absoluto.
Nada, nadie ni ningún lugar es perfecto; la gracia está en centrarse en lo bueno que tiene el sitio en el que te toque estar cada vez.

Eso sí, no hay ninguna experiencia en mi vida comparada a los 9 meses que acaban de terminar. Y creo que no la habrá nunca, lo que me pone un poco triste. Pero ya lo dije en su día, cuando nos terminamos una buena tarrina del mejor helado, lo único que podemos esperar es que el siguiente sea, al menos, igual de bueno.

Prometo que sabréis de mí si os interesa. Muchas gracias por seguirme en todas estas entradas que han recogido algo de lo que he vivido estos meses. Gracias por el apoyo demostrado con vuestras visitas y comentarios. Sin ellos, es evidente que un proyecto tan largo como este habría ido decayendo y siendo abandonado. ¡Gracias por mantener vivo Triqs!

¡Un abrazo!

jueves, 6 de junio de 2013

Where the girls are so pretty

¡Hola carrasquillófilos!

Hoy, en vez de deleitarme con los dulces placeres de las despedidas largas y lacrimógenas y los reencuentros escasos pero emotivos, dedicaré esta entrada íntegramente a mi viaje fin de Erasmus a Irlanda. Los últimos días en Londres os los contaré en próximas entregas desde mi dulce, dulce hogar.

Remontémonos al día 23 de mayo cuando, de madrugada y sin tener muy claro los autobuses que nos llevarían al aeropuerto, tres hombretones como tres castillos partimos a la isla esmeralda. Ese mismo día comenzamos a descubrir Dublín que, para variar, es mucho más pequeña e ininteresante que Londres.
Empiezo a pensar que vaya a donde vaya a partir de ahora, ninguna ciudad me va a sorprender como esta. Da un poco de pena, pero oye, ¡eso que me ahorro en viajes!

Los puentes sobre el río Liffey, y los edificios grandes y medio clásicos a su orilla son característicos de la ciudad, al igual que la Spire (la escultura más alta del mundo). Sin embargo, los rincones más bonitos están en la orilla sur del río, en la parte más antigua de la ciudad. Dos catedrales, un puñado de iglesias, un castillo y algún que otro monumento y museo ponen algo de interés turístico e histórico en esta ciudad.


















Pero está claro que lo mejor de Dublín no está en la calle ni de día. Lo mejor de Dublín está en los pubs.
Puede que parezca predecible, generalizado o "mainstream", que se dice ahora, pero es la pura verdad. La música en directo no tiene el mismo efecto en ningún otro lugar del mundo (que yo haya visitado, no os fiéis): la gente canta las canciones que un guitarrista entona acompañado del violín más rápido del mundo, un par de Guinness más y todo el mundo está de pie, cantando, bailando, saludando a completos desconocidos como si se conocieran desde antes del útero materno.
Siempre queda la duda de si esa realidad es artificial, construida para turistas que esperan encontrar ese ambiente. Pero, ¿a quién le importa? Las canciones, los bailes, las risas, son de verdad.

¿Qué hay que visitar en Dublín? Pues con un tour de esos "gratuitos" que te dan una vuelta por la ciudad ves lo más importante y aprendes un montón sobre la historia de la ciudad. Los orígenes de la ciudad están marcados por las invasiones vikingas, un pueblo que llegó a establecerse aquí durante un puñado de años. Así, acortando, echaron a los vikingos, pero luego llegaron los ingleses, lo que dividió a la población de la isla en dos, especialmente desde que Enrique VIII decidió separarse de la iglesia católica, algo que no agradó en absoluto a gran parte de la población de la isla. Así, durante mucho tiempo, intentaron separarse pacíficamente pero no lo consiguieron hasta una revolución conocida como "el alzamiento de Pascua", nada menos que en 1916. Se reconoció su independencia en 1922 pero no llegó a establecerse la república hasta 1949. Estas cosas le hacen a uno replantearse la idea de que todo ha sido igual a como es ahora desde hace mucho.

Los edificios más antiguos de la ciudad son la catedral de Christ Church (s. XI) o el castillo de Dublin (s. XIII). También destacan la catedral de San Patricio (patrón de Irlanda) o los edificios del Trinity College, con unos magníficos jardines.








 De izquierda a derecha y de arriba a abajo: catedral de Christ Church, Trinity College, catedral de San Patricio y castillo de Dublín.



No nos pudimos perder la visita a la fábrica de Guinness, donde te explican cómo se produce la magnífica cerveza, manjar de los dioses, con ingredientes selectos y secretos y un proceso que funde el arte cervecero de siglos con la más alta y novedosa tecnología. Si tuviera que definir la visita con una palabra, sería "OBJETIVIDAD" /ironía on/. Por suerte, aparte del marketing, también te dan bastante Guinness y, si andas listo, algún que otro vaso.

Estilazo escanciando.



Como los vuelos baratos tenían fechas un tanto curiosas y Dublín no da para tanto, nos dio morriña y volvimos al Reino Unido a mitad de viaje. ¿A Londres? No hombre, no. A Irlanda del Norte.

-Clase rápida de geografía política de las Islas Británicas:
Conclusión: todo es el Reino Unido (de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte), excepto la "República de Irlanda".  No me preguntéis cómo llaman a Gales, Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte. Usan "country", pero no son países anymore. Llamémoslos "reinos".
Pues eso, ahí vimos el Sainsbury's y ya, de paso, la capital Belfast y un tour por el countryside. ¿Que qué hay que ver en ese rincón del mundo? Podéis empezar por preguntar a los responsables de las localizaciones en "Juego de Tronos". Cañadas, valles verdes, bosques, costas salvajes, castillos enormes o derruidos y la famosa Calzada de los Gigantes.























Poco más al volver a Dublin, una excursión al paraíso playero de la capital irlandesa: Howth. Que no es una isla, ¡sino una península!. Allí había todo lo típico de las playas del norte: piedras, casitas, fish & chips, gente bien abrigada, en fin... ¡Ah! ¡Y focas!














En fin, que fue un gran viaje, Irlanda un gran país, con mucho español también, paisajes increíbles y muchas cosas que me quedaron por hacer, por si algún día toca volver.

Aunque, de tanto viajar y visitar... ¿por cuánto me seguirá saliendo a cuenta, sorprendiéndome? ¿Veré paisajes tan sobrecogedores como los de las highlands escocesas? ¿Visitaré alguna ciudad tan viva y grande como Londres? ¿Veré aguas turquesas como en el Caribe? ¿Sentiré un frío como aquel de Burgos? ¿Veré edificios que aún te dejen más boquiabierto que Nôtre Dame?
Supongo que solo hay una forma de saberlo ;)

¡Un abrazo!

lunes, 27 de mayo de 2013

Molly Malone

¡Hola carrasquillófilos!

Ya sabréis muchos donde me encuentro ahora mismo. ¡Una pista!


Yep, yep: Dublin City o, como NO dicen por aquí, Baile Átha Cliath. 

Como comprenderéis, queridos lectores, no me encuentro en posición óptima para escribir una entrada como es debido. He decidido que ya os contaré con pelos y señales mi estancia aquí en la siguiente entrada, así que hoy os conformáis con saber qué fue de mí en el par de dias iniciales de la semana pasada.

El lunes salí esperando un fin de exámenes no ya épico, pero al menos memorable. En fin, no todo sale como queremos y, después de unas cervezas en el bar de la facultad (¡¡a un eeeeuro, a un eeeeuro!!) nos fuimos al club más sórdido de Londres para un lunes por la noche, el Moonies. 
Ni una persona sobria en millas a la redonda, vamos, eso era un festival de personajes perjudicados, una exposición de hígados agonizantes, el apogeo y el cúlmen del consumo exagerado de alcohol. ¿¿Por qué yo no formaba parte de ese grupo??
La verdad es que los ánimos del grupo se enfriaron, muchos se fueron antes de ir a bailar, el sitio era apretado, caluroso y rodeado de borrachos con escaso sentido del equilibrio. 

El día siguiente me enfrenté al fin al reto de ir preparando el equipaje de vuelta. Y, aunque hay ganas de pasar por casa ya, echaré mucho de menos vivir por Londres... así que fue un poco deprimente eso... 
Para compensar, salí al turismo que queda por hacer, que no es poco.

Subí a la torre de la Catedral de Westminster. Junto con la experiencia de la London Eye llegué a la conclusión de que Londres visto desde arriba es más bien feo. No os gastéis el dinero en esas cosas. Y apuesto a que el Shard es más de lo mismo.

Después visitamos los Reales Palacios de Justicia. Un edificio grande y hermosón que todavía funciona como juzgado y en el que los abogados llevan sus pelucas empolvadas y todo, ¡como está mandado!

La última parada del día fue en la Tate Modern, que al final me convencieron para visitar la retrospectiva de Lichtenstein. Mucho pop art, muchos puntos y mucho postureo.

Durante la cena tuvimos lo que acabó convirtiéndose en una pequeña fiesta con sushi artesanal gracias a R y quiches verdaderamente francesas. Ya he aprendido, os haré cuando vuelva.

El miércoles, víspera de mi partida, aproveché para conocer el Camden profundo, gastarme unas librillas en los mercados como un turista cualquiera, probar los típicos "pie, mash and eels" (empanada, puré de patata y anguila) y caminar hasta Hampstead Head, un parquecito encantador con lagunas donde un puede tomar un baño a 13°. 
La respuesta a la pregunta de si me metí es más que evidente.


En fin, me llaman para comer.

¡Un abrazo!


lunes, 20 de mayo de 2013

Dog days are over

¡Hola carrasquillófilos!

¡Se acabaron los días de perros*!

*N.del T. En inglés "dog days" hace referencia a los días más calurosos de verano, no a tiempos difíciles.
En otro orden de cosas, tampoco he tenido que estudiar tantísimo como veréis.

Y, ¿a qué viene esto? Pues simplemente a que hace escasas horas he terminado (con éxito espero) el último examen de mi carrera. Y esta vez de verdad, nada de Erasmus inesperados.

Así que, como imaginaréis, la semana ha estado marcada por el estudio de "Procesos downstream avanzados": centrífugas, membranas, cromatografía. Superinteresante.

Pero ya sabéis que siempre se intenta hacer algo con el tiempo que queda libre. Esta semana ha habido alguna salida nocturna al bar de la facultad, que a 2x1 no se puede resistir y hasta me han invitado tres veces a cenar esta semana, TRES VECES.
El lunes, restaurante tailandés, el viernes burritos artesanales de mano de un genuino mejicano (con salsa de su abuela, que tiene los espíritus de millones de papilas gustativas persiguiéndola desde el más allá) y el sábado, lasagna a la turcoindonesia con sangría genuina española.

¡Ah! No se me puede olvidar, la gran experiencia de la semana fue montarme en el London Eye (la noria esta grandota que hay a la orilla del Támesis). Os dejo un par de fotos:




Fui porque había 2x1 y la conclusión. Ni a mitad de precio sale muy a cuenta. Apenas 15 minutos de viaje y se ve solo lo más importante de City of Westminster, ya City of London queda retirado. No desanimo a nadie que quiera hacerlo, ¡ojo! Pero para lo que es, me parece ridículamente caro.

Hoy para celebrar el fin de exámenes comí en un restaurante nepalí (tampoco tan exótico como yo me esperaba) y ahora me voy de fiesta! Espero que salga bien, que los ánimos a mi alrededor están decaídos. Ya os contaré, ya. Aunque quizá lo haga desde otro país ;)

No hay mucho más que decir, que tengáis cuidadito, me leáis mucho y bien y que pronto, muy pronto, os veré a todos. ^_^

¡Un abrazo!

jueves, 16 de mayo de 2013

Komisches Wochenende

Hola mis queridos!!

Que tal va todo??? Seguro que con el buen tiempo que estáis teniendo por allí, más que bien! Como os prometí en el anterior post, esta última semana dí lo mejor de mí para contaros grandes aventuras, aunque no todo funcionó a la perfección...

El pasado miércoles a pesar de mi apretadísimo horario, conseguí  hacer un hueco para irme con los de siempre a echar unos billares (cada vez soy más mala) y luego dejarme la piel en el futbolín, el cual conseguimos hackear para jugar de gratis. No alargamos mucho la noche porque todos teníamos planes para el día siguiente: festivo dedicado al Christi Himmelfahrt para los más religiosos, aunque para el resto del país es más conocido como el Männertag, día en que los hombres hacen "cosas de hombres". Generalmente cogen las bicis y se reunen en el río para pescar y beber cerveza hasta morir. Obviamente es algo injusto para las mujeres... la pequeña ventaja para nosotras es que el día del padre está incluído aquí, y nos ahorramos el regalo, que se da por hecho que es su plena libertad por un día. Aunque nosotros, en nuestra constante lucha por la igualdad, planeamos algo diferente, que podría haber marcado uno de los mejores días de mi vida: ir a remar en canoa a Lübben...


Pero como nuestro colega Murphy nunca nos abandona, la noche anterior comprobamos el tiempo, y vimos que nos esperaba una tormanta de la leche. Así que con todo el dolor de nuestra alma tuvimos que abortar el plan. Para máxima irritación, al otro día sólo cayeron unas penosas gotas. Moraleja: manda a tomar por culo a los meteorólogos porque son unos pesimistas  nunca mires el tiempo. ¡¡Pero no os preocupéis que volveremos y conquistaremos!!! El plan B consistió en ir a visitar Potsdam, capital de Brandenburg, pero Murphy todavía tenía ganas de juerga y bloqueó la línea de tren que nos iba a llevar...



Ya de "verloren zum Fluss" (perdidos al río), optamos por bajarnos en Zoologischergarten (Berlín) y dar un laaargo paseo por una de las zonas más pijas de la capital, con visita incluída a la "Neue Kirche" en el memorial Kaiser Wilhelm, una capilla digna de una peli Sci-Fi. He aquí algunas fotos:




El viernes tocó vuelta al trabajo, compensada con una burguer en Friedrichstraße para ponernos al día con Bobby, y vuelta a casa pronto, que había que preparar muchas cosas para la excursión del sábado. La oficina internacional de la Uni organizó una visita a Neuzelle, un pueblito a una hora de Cottbus en dirección este. Allí visitamos su ancestral Brauerei (fábrica de cerveza) producida originalmente por monjes bajo el eslogan "Ora e labora", considerando la cerveza su única diversión. La visita guiada terminó con una cata de dunkel Bier, Apfelbier y Pilsner. Suficiente para seguir contentos el resto del día :)



Después de un paseo alrededor de su lago de cuentos, nos reunimos todos para hacer un Potluck o pic-nic internacional. Mi tortilla desapareció en cuestión de segundos, y todo lo demás estaba riquísimo, había comida de todos los rincones del mundo. Por cierto, si un hindú os dice que su comida está "un poquito picante", NO OS ACERQUÉIS!!! A mí todavía me arde la lengua por haberla probado.



Seguimos con una sesión de fotos y tiramos para el monasterio y su catedral anexa. La catedral nos resultó bastante impresionante, distinta de lo que se ve por aquí normalmente, con un fuerte contraste de blancos y dorados y recargada por doquier. El monasterio no me pareció nada especial, la verdad sea dicha. Y con esto y otra caminata de vuelta a la estación concluyó la excursión. No estuvo nada mal por 5 pavos!!




El tren fue el punto de reunión para la planificación de la noche... que para variar distó mucho de la programación inicial. Quedamos con Dorota, Michael, Sina, Moi y Petty en la Uni, llegamos en bici y con cerveza en mano como auténticos guiris, antes de las 23:00 para que nos dejaran entrar gratis a la party de turno, y ¡oh tropiezo del destino!, ninguno se acordó de marcar "asistiré" en el evento de Fb correspondiente, por lo que nos querían cobrar 8 leuros. Así que después de intentar todas las formas de colarnos fallidamente, fuimos en busca de otra opción, cosa limitada en esta ciudad. De repente alguien escucha algo sobre una fiesta en la laundry (sótanos de las resis), y para allá que vamos en busca de amigos nuevos, y resulta que ¡oh, jódete destino! ¡era una fiesta de cumpleaños doble de nuestros amigotes los hindúes!!! Entrada libre, cerveza gratis, música molona y súper buen rollo! Las lavadoras nos valían de barra y tarima si hacía falta. He de destacar la amabilidad de estos chicos y sus enormes sonrisas, porque si se cuela en mi fiesta de cumpleaños un grupo de frikis como el nuestro y se beben la birra por la cara, los echo a patadas!! Por cierto, ¡mil felicidades Raghu y Sai!!!

Rematamos la semana con un domingo resacoso con un desayuno eterno, animado por la tarde, cuando nos reunimos con gente de la Uni ¡para practicar un Flashmob!! Pero SHHHHHH!! Que es una sorpresa :)
Aunque los pasitos de Michael Jackson se me están atravesando más de la cuenta, creo que nos vamos a divertir un montón si al final sale bien. Y si después del entrenamiento Moi nos agasaja con té iraní y pastel de frutas a un turco, una taiwanesa, un macedonio, dos alemanes y una argentino-española, lo único que nos queda es contar chistes!!!

Menos mal que he dicho bastante del fin de semana largo, porque de lo que llevamos de semana no hay nada destacable. Pero no os preocupéis que mañana a las 11:30 comienzo una nueva experiencia, si queréis saber de que se trata tendréis que volver por aquí!!! Muajajajja!! Bis dann!!

martes, 14 de mayo de 2013

Esta tarde vi llover

¡Hola carrasquillófilos!

¿Qué os contáis? Por aquí, para empezar, ha vuelto el mal tiempo. No muy malo, pero lo justo para que vuelva a hacer falta chaqueta de vez en cuando. Pero no penséis que por eso paramos, el Erasmus llega a su fin y toca hacer todo lo que queda en el tintero a contrarreloj.

Os dejé el lunes de hace una semana preparando un examencillo de inglés... Pero me liaron, me liaron y acabé saliendo a la fiesta hispanobrasileña semanal del Walkabout, un pub junto al Támesis. Debo decir que no les hizo falta liarme demasiado.
Y estudiando siguió el martes, aunque con pocas ganas y poco éxito. Tampoco había de qué preocuparse esta vez. Avancé mucho más en mis conocimientos geográficos del Grand Line, que en inglés. Además, algo de experiencia como profesor y enfermero, eso vale para el curriculum, ¿no?


El miércoles fue el gran día del examen. ¿Qué os voy a contar? Unos textos sobre la psicología en las presentaciones de Power Point y a escribir sobre mis experiencias en la biblioteca de la universidad. Party hard, vaya.
Por suerte, para amenizar el día, después del examen nos fuimos a explorar un poco más City of London, el distrito administrativo más importante de la capital. Vimos de cerca el pepinillo (oficialmente, el número 30 de St Mary Axe), algún otro rascacielos a medio hacer, el mercado que hizo de Callejón Diagón en Harry Potter (incluyendo la puerta de El Caldero Chorreante, que en realidad es una óptica) y, aunque me abandonaron, yo seguí con mis planes. Entré en Temple Church, una iglesia de orígenes templarios con mucha historia, visité Fleet Street (que recordaréis por Sweeney Todd) y vi los palacios de justicia, a los que tengo que entrar un día que solo lleve objetos capaces de pasar una inspección de seguridad estándar.
De vuelta a casa, callejeé un poco para ver un par de parques y rincones que la gente aprovechaba para disfrutar del tímido sol.

Aquí os dejo unas fotos de tan provechoso paseo.





















El jueves llegó un gran día. Un reto digno del que las generaciones futuras contarán historias, una epopeya cuyo eco resonará a través de los siglos... EL METROTÓN.
Visitar todas las estaciones del metro de Londres en la zona 1 no es tarea fácil. 63 paradas. Lo hicimos y nos sobró hasta tiempo. Somos unas máquinas y nos conocemos el tube como la palma de la mano.


Acabamos reventados, pero mereció la pena. Más de 500 fotos, vaciadas de metro a las órdenes de L., estilo lata de anchoas de St Paul's a Bank, parar el metro por quedarse en las puertas atascado... En fin, menos encontrarnos un iPhone, nos pasó de todo.

El viernes fue un día tranquilo. Por la mañana visita múltiple a la asesora de imagen personal, donde R, M y yo nos quedamos límpidos y frescos (ahora que ha vuelto el mal tiempo...). Aquí se entretienen mientras te pelan en las más variopintas cosas... lo mismo te charlan todo el rato que te suben la moral a base de "sexy! gorgeous! beautiful!" y así todo el rato.
Después, casi por casualidad, descubrimos el Santo Grial de los gamers, un bunker lleno de ordenadores, sillones de última generación y ratones con más botones que un mando a distancia, todo para probar los productos de alta tecnología mientras juegas al Street Fighter, al LoL o al Minecraft.

Por la tarde fuimos a visitar la Fanzone de la euroliga de baloncesto en Trafalgar Square, pero estaba cerrada, se ve que ahí no retransmiten partidos ni nada. Después de cenita romántica en St James Park, para casa.

El sábado descansé, que bastante emociones había tenido. Además volvió a llover. Por la noche nos fuimos al bar de la universidad de karaoke, echamos un buen rato.

Ayer domingo sí que fui a la Fanzone dicha anteriormente con buenos propósitos: conseguir cosas gratis. Tres camisetas, una gorra, 3 llaveros, 4 posavasos, como 10^6 imanes, 2 bufandas... y bastantes más cosas. Luego en Regent Street nos dieron hasta de comer, como está mandado y para volver me di un buen paseo por Regent's Park, que lo tenía pendiente.
Y hoy aquí estoy, estudiando para mi siguiente examen (poco y lento), yendo a nadar y finalmente cenando en un restaurante tailandés con M, ¿quién iba a decir que saliera algo bueno de Cádiz?

¡Un abrazo!

miércoles, 8 de mayo de 2013

Umfrage

Hola estimados lectores!!!

Antes que nada de nada, quiero agradeceros infinitamente por vuestro interés y apoyo desde el nacimiento de este blog, lo que ha llevado a que superemos las 11000 visitas!!! Ueeee Oeeeee!!!Tremendo!! Seguramente el 50 % sean nuestras propias visitas, y del otro 50%  mis entradas generen una parte muy pequeñita, pero no importa! Sé de buena fe que existen seres que me leen, y que sólo por eso tienen asegurado un futuro maravilloso.

Ahora es cuando viene la parte en que se supone que os cuento como va la semana. Lo que ocurre es que en esta semana no ha acontecido nada demasiado especial, sólo clases, cursos, trabajo, algún café con amigos y un poco de Catán que ya tocaba. Lo único curioso es que sigo recibiendo regalos de cumple donde menos me lo espero, lo cual no ayuda nada a mi potencial operación bikini, porque la mayoría son bombones, pero siempre son bienvenidos! Quizá una anécdota a destacar es que ayer me colé otra vez en un curso de Zumba espontáneamente, y, oh castigo divino, vino la tele de la Uni a grabarnos :$ Así que posiblemente en breve pordréis ver un vídeo en donde hago el completo ridículo...



Mi plan B en este caso para tenernos entretenidos es responder a una serie de preguntas que me hace a menudo la gente que se interesa por mi vida aquí. Si echáis de menos alguna, sólo tenéis que avisarlo en un comentario ;)

1: Qué tal son los alemanes?

Los alemanes...son personas, como tú y como yo. Un rasgo característico, es que, si no han bebido suficiente, no suelen ser muy abiertos o expresivos a la primera como los latinos. Necesitan tiempo, interactuar contigo más de un par de veces y quizás vivir diferentes situaciones. Los padres y abuelos de los alemanes de mi edad, han pasado por dos guerras mundiales en menos de 50 años. Por lo que constantemente algo les advierte en su cabeza de evitar un paso en falso, porque a veces se pagaba muy caro. Así que si habláis por primera vez con un alemán y no sonríe mucho, no penséis que le caéis mal, eso sólo es una posibilidad. Usan siempre un lenguaje muy respetuoso, los Danke y los Bitte, mejor que sobren y no que falten. En cuanto a los saludos, mientras seas sólo un conocido o un contacto, te saludan con la mano, hasta que entres en un contexto más amistoso y te saluden con un abrazo.

2: Cómo es su ritmo de vida? Viven trabajando para pagarse el cochazo y las vacaciones?

Sí es verdad que son muy trabajadores, responsables, puntuales, planificadores, etc. Los horarios son muy variados, las tiendas suelen abrir de 9:00/10:00 a 18:00/20:00 (olvídate de siestas, por supuesto), las oficinas suelen tener una jornada más larga que en España, y para profesiones como maestras, constructores o conductores es normal levantarse sobre las 5 de la mañana. Pero no son adictos al trabajo, también disfrutan mucho del tiempo libre con la familia o amigos, sobre todo en esta época. Tienen más días libres al año que nosotros y también se escapan alguna vez en semana para comer fuera o beberse una cerveza.

3: Qué comes allí? Vives a base de salchichas y cerveza?

Bromas aparte, sería posible porque hay más de 100 tipos de cada una, pero no es lo más recomendable. Las comidas más importantes son el desayuno y la cena. La merienda no existe. Aquí se come de todo, tanto productos auctóctonos como internacionales. En Berlín, mis amigos de cualquier parte del mundo, consiguen casi todos los productos con los que ellos cocinan normalmente en su país. La fruta y la verdura, creo que no hace falta que os cuente de dónde la traen. Existe un amplio mercado de productos BIO para vegetarianos, veganos y fanáticos varios. De panes y bollos hay también otro tanto de variedades, con preferencia sobre los de cereales. En cuanto a la carne, la mayoría es cerdo, pero también se comen otros animalitos. Lo más complicado de encontrar es pescado fresco y marisco, ya que no forma apenas parte de la gastronomía alemana. Y para un antojo repentino, siempre tendréis disponibles un puesto de kebab+noodles cerca. Por cierto, el origen de los kebab es berlinés.
En el top de bebidas se encuentra el agua, el café y la cerveza, en ese orden. Les encanta el gas en todo, agua, zumo, icetee... y no le dan un mínimo de importancia al hielo, gran problema para una servidora. Lo que no he visto aún es Aquarius.

4: Y el idioma, que tal lo llevas? Te suena tan horrible como a nosotros?

Bueno, yo he dado por hecho que jamás hablaré alemán a la perfección, ni siquiera ellos lo hacen. Hay tantas reglas, casos, géneros!! Pero como en todo lo que se propone uno aprender, cada día se avanza un poquito. Sobre la pronunciación, lo que a nosotros nos resulta un acento amenzante y poco poético (bastante tergiversado por americanadas varias), para ellos es una sintonía cotidiana, y el acento horrible se lo achacan a los rusos. La controversia entre si se pronuncia <<ish>> o <<ik>>, la podéis olvidar, porque la verdad es que se pronuncia con un sonido intermedio que para los hispanohablantes no es nada natural. Y a los novatos, os advierto: NO TODO EL MUNDO HABLA INGLÉS POR AQUÍ.

5. Qué opinan los alemanes de los españoles?

En este aspecto creo que os puedo dar un poco de ánimo. En general nos tienen cariño. Siempre encontraréis al típico paleto de "españoles, fiesta, siesta, olé!!", pero tanto aquí como en la China. Los alemanes envidian a reventar nuestro sol, aunque este año nos está fallando con ganas, y admiran lo que ellos llaman la "hot blood", es decir, nuestra espontaneidad, nuestra cercanía, nuestro "me apunto a un bombardeo". Dan por hecho que todos somos morenos y guapos (50% de acierto, not bad!) y les encanta nuestra comida. Vaaale, no dan un duro por nosotros en finanzas, pero no podemos pedirle peras al olmo!!

Y hasta aquí mi reporte de hoy, porque se está haciendo más largo de la cuenta y porque no caigo en más preguntas... me he despertado a las 6 de la mañana, qué más queréis de mí!!! Intentaré hacer mi próxima semana hiper aventurera para que no terminéis hasta las narices de tanto rollo. Nos vemos pronto!! Bis dann!!!